
Diez en punto de la mañana y como buen inglés, Dominic Gill llega justo a tiempo a nuestras oficinas para la entrevista con Veo CHILE. En su larga y excéntrica bicicleta para dos personas y acondicionada para un viaje que lo ha hecho famoso en todo el mundo, -como el “gringo” que recorre América desde Alaska, Estados Unidos, hasta Ushuaia, Argentina-; este británico se presenta como un tipo amable y curioso, entusiasmado de contar su viaje a nuestros lectores. Un viaje que está pronto a cumplir dos años y que lo ha llevado por las distintas culturas americanas, las que define como “impresionantes” por sus contrastes y costumbres típicas.
“Este viaje me ha llevado por todos los extremos de la cultura, desde Estados Unidos hasta Bolivia, para mí eso es lo interesante”
Hace sólo un mes que se encuentra en Chile y ya dice conocer ciertas mañas de nuestra idiosincrasia. Para ahondar más, lo esperamos con un desayuno chileno. Dulce de membrillo casero, marraqueta caliente y picarones con chancaca. Un deleite. Dominic prueba su plato y exclama “son mejores que las donas gringas!!”. Un éxito. Servimos el café y comenzamos la entrevista.
Todo partió el 16 de junio de 2006, cuando viaja desde Londres a Estados Unidos y comienza su recorrido en el norte de Alaska, sin embargo, la idea giraba en su cabeza cinco meses antes, cuando en su veta de andinista planeaba un viaje similar para escalar las montañas americanas. Idea que pronto cambió al analizar que para conocer a fondo las culturas y su gente mejor sería montar una bicicleta y recorrer cada pueblo y ciudad del continente.
 Deportista por naturaleza, biólogo y carpintero, este explorador de 27 años decidió aventurarse en un reto sin precedentes. Cruzar en línea recta por uno de los continentes más diversos en cultura, montado sobre “Aquiles”, como apodó a su bicicleta, con la que accidentalmente rompió su tendón. Su viaje no es antojadizo y también tiene una meta; juntar fondos para la Fundación Hope and Homes for Children, institución que ayuda a niños huérfanos de África y el este de Europa.
Convertido en una celebridad del ciclismo, Dominic nos cuenta detalles de cómo se fue impregnando de la cultura Latinoamericana, con la incertidumbre previa de no saber lo que encontraría. Un recorrido que comprendió los países de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y muy pronto Argentina.
¿Cuáles fueron las cosas que más te sorprendieron de Latinoamérica?
Cuando llegué a Latinoamérica sabía muy pocas cosas, sucede que prefiero conocer los lugares in situ. Cuando empecé mi viaje en México fue increíble, mi primera parada fue en Tijuana, donde todo es completamente diferente, pero mejor que en Estados Unidos. Antes de ingresar estaba un poco preocupado porque durante los 6 meses entre Alaska y Canadá había escuchado muchas historias de ladrones y delincuencia en Latinoamérica, principalmente en la frontera con México, pero al rato encontré una familia que me invitó a descansar a su casa y todo lo que me habían contado se esfumó. Ahora me encanta la cultura latina.
Y cuando llegaste a México, manejabas el idioma español...
Nada, cuando empecé sólo sabía decir “cerveza” y “baño”, en Tijuana logré hablar un poquito. Al principio tenía un diccionario, pero no tuve paciencia por lo que terminé regalándoselo a un niño. Pero lo curioso fue que al poco tiempo manejaba el idioma bien y podía comunicarme con todos.
En Chile ya llevas un mes. ¿Cuál fue tu primera impresión de nuestro país?
La primera impresión que tuve de Chile fue “que rico el asfalto!”. Imagínate, para tres semanas en Bolivia conocía sólo caminos de arena, por lo que fue muy impresionante ver un camino pavimentado. Me puse muy feliz y pese a mi cansancio y la hora que crucé la frontera, recorrí los 40 kilómetros hasta San Pedro de Atacama para no dormir otra noche a 3 mil metros de altura. Recuerdo que me fui de bajada en la noche mientras a los lejos veía las luces del pueblo. Cuando llegué mi tarjeta del cajero no servía, entonces no tuve plata chilena y más encima San Pedro para mí es el lugar más caro de Chile (jaja). Ahí me di cuenta de la realidad, estaba enojado y triste porque no podía vivir por menos de 4 mil pesos diarios, en cambio en Bolivia con 4 mil pesos vives una semana. La primera noche estaba quedándome en un camping de 2 mil pesos, pero al segundo día me encontré con un chileno que me invitó a tomar café y a descansar en su casa gratis.
Entonces te llevaste una buena impresión…
Sí, aunque siento que San Pedro no es Chile, es un lugar que está hecho para turistas, por ejemplo el adobe pulido y limpio de sus edificios no los encuentras en ninguna otra parte, eso pasa sólo ahí. Chile en general es más europeo que el resto de Latinoamérica, se nota por la economía y la sangre también. En el norte la gente se muestra más fría y poco curiosa con lo que pasa. Por lo mismo fue muy interesante venir desde San Pedro hasta Santiago y conocer la diferencia en la gente. Allá (en el norte) las personas no quieren hablar con extranjeros y tampoco entablar una amistad. Por ejemplo estuve ocho horas en Chañaral y ninguna persona me preguntó nada, ni me invitó a tomar algo a su casa.
¿Y tienes alguna teoría de por qué ocurre eso?
Creo que en parte es culpa de la minería que es mucho más capitalista que la agricultura en el sur, por lo que la gente suele ser más amable, me di cuenta que Chile es como un país del primer mundo con mall’s, cines, autos modernos, y eso me pone un poco triste porque estoy seguro que Chile es mucho más rico sin esa influencia, es lo mismo que pasó en Inglaterra hace 20 años…
Santiago entonces como ciudad no debe ser de tu agrado…
Todo el mundo me decía que Santiago era una ciudad gris y contaminada, pero me encanta, la encuentro parecida a Londres, hay hartas cosas interesantes acá, todos sus servicios funcionan bien y la cultura latina se mezcla con los mercados, como el Persa. Cosas así me encantan, lo latino, pero obvio que además tiene los cines y Mc Donald’s, tiene los dos mundos y eso es como el ideal en una ciudad.
Santiago y Londres, ¿no será demasiado la comparación?
No creas, lo que más me gusta hacer en Londres lo puedes hacer acá. Por ejemplo caminar en la calle, escuchar música, tomar el metro, almorzar con un amigo, me siento confortable; Santiago es lo más europeo que he visto en toda Latinoamérica. Hay barrios que me gustan como Providencia, Tobalaba. Pero me ocurre al mismo tiempo que odio la ciudad, porque no quiero sentirme como en casa, es como regresar un poco a lo que estaba acostumbrado, a mi tierra, aunque no quiero irme, soy feliz acá. Me gusta Bellavista, los mercados, aunque las cosas tan gringas no me gustan, pero es tan fácil para ir a comer y andar en bicicleta es muy agradable. Además he tenido mucha suerte me han recibido muy bien, tuve asados, una charla en la Universidad Silva Henríquez, compartí con la gente de la Bicicleta Verde. Lo que sí me llamó la atención es que tienen algunas ciclovías que son un chiste.
¿Qué cosas no te gustaron de Chile?
La mentalidad de la gente para botar basura es terrible. Chile es un primer mundo, sin dudas, pero falta educación, es horrible, eso me cuesta entenderlo.
¿Tuviste momentos complicados a lo largo del viaje?
En Chile ninguno. De todas formas no me gusta hablar sobre cosas así porque la gente puede estigmatizar los lugares. En México tuve un inconveniente con un hombre que quería pegarme, un tipo racista, pero todo bien, también dos ladrones robaron mis cámaras, pero eso puede ocurrir en todos lados. Si andas con cosas caras tiene que cuidarte, las personas de los pueblos son muy religiosas y siempre te hablan de que en el próximo pueblo uno debe cuidarse. Lo mismo pasa con los países, en Colombia te dicen que debes cuidarte en Ecuador porque es medio peligroso, en Ecuador te dicen Perú es muy peligroso, mientras más al sur avanzas es peor. Siguiendo esa lógica Argentina y Chile serían los más peligrosos, pero eso es sólo un mito. En dos años me encontré como máximo con 5 maleantes, no hay muchos en este mundo, si eres amable no pasa nada, es una cuestión de confianza y actitud.
Ya estas a punto de terminar tu viaje de casi dos años. ¿Regresarás en bicicleta?
No, el viaje de vuelta será en avión, ya no quiero viajar más, estoy muy cansado y tengo que hacer algo con mi experiencia, no quiero que sólo sean unas vacaciones. Tengo pensado escribir un libro y editar un documental. En dos meses más pienso que terminará mi viaje y tengo mucho miedo de lo que viene después, pero también sería muy egoísta seguir viajando, sobre todo cuando estás cansado, y la familia está lejos, por lo que quiero aprovechar y disfrutar los últimos momentos.
Dominic abandonará nuestro país en los próximos días hacia su destino final en Ushuaia al sur de Argentina. Punto desde el cual emprenderá su regreso a Londres para concretar sus proyectos y destinar sus logros a la Fundación que prometió ayudar. En su página Web www.takeaseat.org mantiene constante información de su recorrido, así como también imágenes y un diario de viaje para quienes quieran informarse de sus próximos destinos.
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